II Foro Internacional de Migración y Desarrollo - Relatoria pg.4

Hagay Elitzur

Comentó que desde su fundación, en 1948, Israel ha sustentado su desarrollo en dos ejes: la migración y las comunidades de la diáspora. En este país, ambos son lados de la misma moneda; así son vistos tanto desde el ámbito ciudadano como desde la perspectiva gubernamental.

 

En Israel se impulsa la migración. Aproximadamente un 25 por ciento de la población es migrante. La política es abierta en este tema. No existen límites. En la década de los noventas, de un total de 5 millones de personas, se recibieron cerca de un millón.

 

Asimismo, existe una Ley de Retorno que implica que toda persona tiene derecho a emigrar de este país. En tanto, se destinan 12 mil millones de dólares anuales en atender los derechos y las necesidades de los inmigrantes. En efecto, existe una política de Estado que se hace responsable de los judíos que se encuentran en otro país.

 

La inclinación de Israel por mantener un estrecho vínculo entre generar un arraigo de las personas que salieron del país (y que nacieron en él) y recibir migrantes sin restricción de ningún tipo, ha derivado en un proceso constante de innovación y crecimiento tecnológico.

 

Esta fuerte promoción que respalda la fuerza de las diásporas y su impulso a la migración hacen de Israel un país único. Un ejemplo en el que se cumplen lo anterior son los Derechos de Nacimiento que se otorgan al nacer y el gasto fiscal que se ejerce para fortalecer el vínculo con las personas que viven fuera de Israel. Esto se realiza, entre otras cosas, con el propósito de generar una identidad judía por generaciones. En el que se han incrementado un 30 por ciento los matrimonios en las comunidades judías. Este tipo de gasto público es visto como una inversión cuyo retorno en el futuro será mayor.

 

El caso de Israel nos muestra que sí es viable contar con un lineamiento de política pública en materia de migración y diáspora. Lo que conlleva una rentabilidad que se resume en tres ventajas fundamentales para el desarrollo de un país: innovación tecnológica, identidad cultural y crecimiento económico. En la experiencia de Israel, las políticas de atención a los migrantes forman parte de las prácticas que mejor han funcionado para este Estado.

 

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